Hacía frío y eran las nueve y cuarto de la mañana aproximadamente, es raro que pase algo en este lugar, menos a esa hora. De todos modos es lúgubre a cualquier hora con ese timbre, cámara de video para ver quién entra y es terrible esos cinco metros que separan el mostrador del pasillo, uno nunca sabe con qué se puede encontrar. De pronto sonó el teléfono, atendí y una voz parecida a la de Gargamel, (a la de un Gargamel que fuma particulares 30 y maneja un colectivo interurbano) profirió un “hola querido ¿Cómo le va? me alegro mucho”, y yo ni le había contestado.
-¿Que necesita maestro?-le pregunté con poca paciencia, a veces desconfío de alguien que es demasiado hablador.
-Hola señor ¿Cómo se llama usted?-me preguntó ansiosa y amistosamente. Yo todavía no le había dicho nada como para que establezcamos un feedback tan fluido como el que pretendía este, entonces pensé: “Que mal, son la nueve de la mañana, ¡ni desayune! y ya un viejo puto me está hostigando, él me va a preguntar que servicio hago y esas cosas posiblemente”, siempre a mí, porqué.
-Mario, Mario me llamo señor ¿Que necesita usted?-Lo apuré descortésmente, para que corte rápido y poder tomar un desayuno.
-Nada, es q en el otro turno…el otro muchacho…
-¿Qué pasó señor, es que acaso lo atendieron mal?-Le pregunté porque tal vez mi compañero lo había tratado mal, aunque ya podía saber porqué.
-Mire tengo 78 años…y quisiera…bah…yo hablé con Peter, ¿Peter se llama?-Le conteste que sí, se llamaba Peter mi compañero. Ya sabía que era viejo, igual que Peter; ahora me iba a confirmar que era puto, igual que Peter y que quería saber si yo podía tal o cual cosa…
-¿Qué necesita señor?-Le pregunté cortante y si seguía misterioso ya había decidido cortarle el teléfono.
-Bueno Mario-me trataba tutear-Usted sabe que un señor con 78 años…Y bueno hace dos meses me operaron de próstata y quería pedirle algo… ¿Ustedes mandan a domicilio no?
“Que buena suerte, es un tipo vergonzoso que da vueltas para pedir cosas eróticas hablando por teléfono nada más”, reflexioné en voz baja.
Al final fue que quería una tanguita, “negra si es posible y la mas cavada posible” y un vibrador “el más real a un pene” con un pomo de lubricante anal “el más dilatador posible”. Rogó absoluta reserva me pasó la dirección de su casa, era muy cerca del local, a dos cuadras: San Martin 784 séptimo piso. Me preguntó si tenía como enviarlo y le dije que siempre llamábamos a la misma mensajería desde hace tres años, eran gente de confianza. Aprobó el señor.
“Espero que no se le ocurra venir nunca por aquí”, pensé. Aunque se ve que iba a tener una fiesta completa él.
Mandé sus cosas y desayuné. Era un poco más del mediodía solo restaban un par de horas para terminar mi turno. El teléfono sonaba y me fijé en el identificador, era el número de Don Gargamel, atendí con desgano:
-Sexshop… Buenos días…
-¿Mario, es usted?-preguntó con tristeza.
-sí, ¿qué ocurre maestro tuvo algún problema?
-Sí, tuve un problema, mire…yo le dije que había sido operado hace dos meses, ¿tiene tiempo para hablar? Ah… (Suspiró) si tuviera quien me ayude…-me dijo en un tono que me dio un poco de pena.
-La verdad que no puedo hablar maestro-le dije- si puede hablarme en 20 o treinta minutos-le contesté mal.
Llamó a los veinticinco minutos de transcurrida la charla y me contó repitiendo lo mismo de antes: “Que a esta edad se complica todo lo relativo al sexo y bueno uno a los 75 años…si tuviera quien lo ayudara”.
Luego agradeció elogiando el buen servicio de cadetería que era muy reservado todo y que el “pene vibrador”, era exactamente una réplica. Se llamaba Silvio el geronte me contó que había enviudado, hace un año y hasta que sollozó el señor, me dio un poco de lástima, luego rabia.
-Te voy a decir la verdad Mario (seguía sollozando)-le había mentido mi nombre claro-y ahí estaba esperando que me hiciera la propuesta este hijo de puta insoportable.
-¿Que pasa don Silvio?-y ahí le cortaba y lo mandaba a la mierda y chau, pensé.
-Nada, que…bueno… ¿Sabes que pasa? ¡Es que estoy en silla de ruedas desde que operaron! Y no me funciona desde que me opere de próstata. Y bueno te voy a confesar algo… la verdad es que la tanguita negra era para mí, justo tengo un espejo en frente del bidet de ahí puedo verme la cola y quería sentir algo con este coso que vibra…Pero la verdad que no sé, ¡no sé cómo es!-dijo con vergüenza y tristeza- Y quiero tener alguna sensación sexual, excitarme ¿Entiende Mario?
Me sentí conmovido, no sabía qué hacer, me quede callado, porque por momentos sentí que me tomaba el pelo o que este señor, era un pervertido telefónico y claro, es imposible tener empatía con alguien que quiere meterse algo en el culo.
-¿Cómo hago?-me preguntó
-¿Cómo hago que cosa?-le dije, ya estaba hartándome y encima apenas hacia un mes que estaba trabajando, no sabía que la gente era tan pesada.
-¿Cómo hago para metérmelo-me preguntó con vergüenza Gargamel-para dilatarlo?, ¡no sé cómo se hace! Ayúdeme por favor… ¿No se animaría a venir? No lo tome a mal, no soy un marica soy un hombre, pero bueno usted debería entenderme-me dijo como si fuese un enfermo terminal de gripe aviar.
-¿Qué se piensa usted señor? Usted está equivocado porque no se busca alguien del rubro 36 del diario, ¡por favor!
-Solo le pido que me diga como tengo que hacer esto y no lo llamaré mas, nunca practiqué sexo anal, vengo de una familia de bien, no lo tome mal señor.
No sabía qué hacer, como decirle, entonces el Google me dio la solución: “Como dilatar el ano” puse, me aparecieron 2.476.557 de direcciones de páginas que enseñaban el arte de tener sexo anal, hasta que una apareció dando consejos de dilatarlo y sin dolor.
-Esta bien, no se preocupe le dije, ¿tiene donde anotar?-le pregunté y anotó, supongo, todo como yo le había dictado tal cual estaba en esa página.
Silvio, el señor de la voz de Coco Basile, debió haber creído que era sexólogo por la prosapia que tenía esa página, terminó agradecido, prometiendo relatarme como iba a hacerlo, le dije que mejor no, que se concentre, no hacía falta y yo agradecí al Google.
Pasaron como tres días y sonó el teléfono vi el identificador y me acordé del número, no lo atendí. Luego volvió a sonar y fingí la voz, me parece que el viejo no me creyó.
Luego de un mes llamó de nuevo preguntando por Mario, yo ni me acordaba quien era Mario, luego recordé su voz de villano y le pregunté que le había pasado.
-Mario fue todo un éxito, lo felicito.
-¡Ah! Bueno gracias, que bien, que buena suerte.
-Claro que llamé a una de esas cachorras que salen en el diario, se llama Vicky, a veces viene a dormir acá, como estoy solo no hay problema… excepto por el portero que es medio rapiñero, bueno solo quería decirle hasta pronto Mario que le vaya bien.
Nos despedimos de mi “amigo” Gargamel (por suerte), y es increíble la necesidad de hablar de esa gente y qué bueno que haya encontrado gente con la necesidad de escuchar.
Una mañana mientras ojeaba el diario del domingo, me fije en el rubro 36 del diario y decía: “VICKY TRAVIESA ARDIENTE CUMPLE TUS DESEOS”.