Vida de Leopoldo (cuento)

Cada vez que Agostina me presentaba a una de sus amigas sabía que era para cogérmelas.

Siempre era alguna de sus compañeras de la facultad o sino alguna de sus amigas del colegio. Debo haber estado con mas de quince chicas, lo cual para mi, no es poco, ya que soy muy poco agraciado.

Una chica, Inés, con la que estuve a finales del 2001, justo en la época del quilombo, ese año famosamente conocido por la caída de un presidente y muchas cosas mas; quilombo, lo fue para mi también: Inés había quedado embarazada. Hoy tengo un hijo de diez años, Axel. “Axelito”, le dice Inés, y a mi Axel no me parece un nombre, parece mas un apodo. Además el único Axel que conozco es a Rose. Esto de su nombre lo sé porque me escribió una vez un mail.

Inés me dijo a mediados del 2002 que no me preocupe, en realidad no quería darme un problema no quería que me haga cargo. Me dijo que era su problema. Que igual se estaba por casar con su novio, un porteño con mucha guita. A mi realmente no me importó un pepino. Inés debe haberle dicho a ese porteño que era su hijo y punto.

La relación con el resto de las chicas, que no sé que veían en mi, fue mas bien frugal, rápida, con pequeña intensidad.

Probarme era el lema, pareciera, gracias a Agostina, no se que le decía a estas chicas, el tema era que yo no paraba de coger asombrosamente. Por supuesto que muchas no eran un primer premio. Admiro la actitud de Agostina, llamarme por teléfono para decirme: “Tengo una que está loca con vos”. No se que clase de perversión tenia Agostina conmigo, lo cierto era que si llegaba a abordarla, alguna que otra vez alguien me sugirió, tal vez hubiese perdido la cantidad de chicas que me presentó, de todos modos ella no me producía nada. Cada vez que me llamaba por teléfono sabía perfectamente lo que tenia que hacer y lo que iba a suceder.

Como dije anteriormente muchas veces no la he pasado tan bien con algunas chicas: “Que no me gusta que me beses así”, “Se mas suave”, “No seas asqueroso”, “No te confundas conmigo yo no soy de esas”. Recuerdo una vez en el hotel Garden, ese era mi hotel preferido, me conocían todos, además que era barato, fui con una chica llamada Maria Paula, una chica sumisa para todo, no te miraba a los ojos, siempre andaba con remeras de los Redondos, creo que eso me deserotizaba un poco. Lo cierto es que María Paula entró al baño mientras yo la esperaba. Una hora estuvo en el baño, y cuando salió me dijo indignada: “ni el preservativo tenés puesto”.

Daniela estudiaba diseño grafico y vivía en Yerba Buena, le encantaba mostrarse como alguien muy sexual muy difícil para saber llevarla, se mostraba como muy comehombres: acababa y se dormía automáticamente. Quince minutos duraba todo. Se dormía una hora y al despertarse te miraba con una cara de: “¿Qué estas haciendo aquí, quién sos vos? ¡Ya te vas de mi casa!”

Luego de unos años Agostina se fue a vivir a Córdoba con su novio y solo nos manteníamos en contacto y ya no era lo mismo. Ella se enamoró y se fue como siempre quiso y yo, me enamoré y no me fui como nunca quise.

Todo al revés. Y el amor es una de las cosas más estúpidas que nos hace hacer cosas más estúpidas todavía, como por ejemplo: vivir en pareja y pretender algo como formar una familia… A  los veintipocos ¿Qué más quiere uno que seguir jodiendo? Hasta que aparece el amor, el puto amor…

Mi jefe es un grandísimo hijo de putas. En todos los sentidos que uno se imagine sobre algo hijo de puta, este tipo, reunía todos los requisitos.

Trabajaba para este hijo de puta, Sergio, en un videoclub de barrio Norte y mi vida era casi tranquila, no frecuentaba ya la vida nocturna, pero siempre los miércoles aprovechaba para emborracharme en el restaurante de un amigo.

Volviendo al tema de mi jefe, el dueño del videoclub, me contaba sus experiencias de cuarentón perdedor, sus andanzas con casadas, divorciadas, viudas. El era una persona que le llamaba mucho la atención las parejas que estaban por romper o los matrimonios ruinosos. Por las noches venia al videoclub y se desahogaba conmigo sobre sus cosas, sus proyectos (todos un fracaso tras otro). Este tenia la costumbre de hacer siempre lo mismo, mientras hablaba, con sus manos hacia como unos paces mágicos y aparecía una cajita de preservativos Prime texturados y jugueteaba mientras me contaba una historia sobre una pendeja idiota. Sergio, el que era mi jefe, vivía arriba del videoclub, y por eso todas las noches venia a usar de confesionario el local. A veces aparecía de sorpresa diciéndote algo sobre su madre que encima vivía en el mismo departamento, a la par del suyo. No confiaba en nadie, pensaba que todos lo querían cagar.

Un día me invitó a comer a sushi. Sergio amaba comer esa porquería menemista, comida que sonaba cool a su paladar. Mientras comíamos me dijo:

–Quiero que te cojas a Marina.

– ¿Quién es y porqué? –le pregunté.

–Porque se lo merece por puta. Histérica y puta. –Me confesó. – ¡Y porque no puede ser lo que le hizo a Carlos Correa! –me dijo mientras engullía el sushi berreta.

Carlos Correa era su amigote solterón de andanzas. Al parecer se confundió con una mina que Sergio le presentó.

Sonó el timbre y atendió. Eran unas chicas de lo más divertidas, amigas de Sergio y encima más chicas que yo, no deben haber tenido mas de veinte con suerte.

Tomamos champagne y escuchamos música. Nos reímos mucho. Una de las chicas armó un porro con una habilidad que hasta el día hoy yo no podría igualar. Fumamos.

En un momento Solange le dijo algo al oído a Sergio y se fueron a la habitación. Antes de irse, Sergio me dijo:

–Usá el living y ahí están las servilletas por cualquier cosa.

–Bueno…–Atiné a decir y me dio una cajita de Prime texturado y se fue.

Por mi parte no tenía la mínima intención y ni la mínima onda con Valentina, la rubia que iba al baño a cada rato y se olvidaba de limpiarse la merca que le quedaba en el mismo lugar de su hermosa nariz.

Me dijo bailemos un poco. Bailamos una música electrónica horrible que tenia Sergio en su Mac. En la habitación se escuchaban las crudas embestidas que propinaba Sergio a su partner Solange que gritaba como un cerdo. Me dio un ataque de pánico, me sentí encerrado en un lugar de mierda lúgubre.

–¿Que te parece si fumamos un porro y nos sentamos en el balcón con una botella del champagne de Sergio? –Me dijo Valentina mientras prendía un cigarrillo y abría con habilidad la botella de Dom Perignon.

–Me parece excelente, yo pico la piedra del faso entonces.

Nos sentamos cómodamente en el balcón y nos pusimos a conversar.

– ¿Sabes que yo estuve trabajando de modelo en Buenos Aires?

– ¿Y porqué viniste a Tucumán?

–No se… me sentí asqueada ahí, un poco del ritmo de vida me cansó…

Fumaba con pasión el porro. Contuvo el humo y tosió. Me preguntó que pensaba.

–Me parecés una chica excepcional –le dije y mentí un poco, en realidad me parecía una pobre idiota y agregué: –Creo que nunca hablé con una chica así en mi vida.

Me miró sobradoramente, largó el humo y se rió. Se acercó adonde yo estaba y me dio un beso tierno. Su boca tenía el sabor como de las viejas que fuman de toda la vida.

–No, no soy una chica excepcional. No sabés con los tipos que estuve. Hasta me cogí a un candidato a jefe de gobierno…Lo increíble es que ahora esté con vos –me dijo.

–No entiendo bien a que te referís con eso… ¿Y jefe de gobierno es como un intendente?

No me contestó o no me acuerdo y dijo algo de Buenos Aires que no me importó.

–Estoy muy borracha y drogada.

Me abrazó y me cantó una canción de Kings of Leon que estaba que estaba sonando en la Mac de Sergio.

La chica no me gustaba en absoluto. Todo era un puto cliché lo que hacia. Me parecía estúpida y su actitud forzada. Igual me divertía eso, lo estúpida. Luego sugirió entrar pues le hacia frio en el balcón. Fue al baño y volvió descalza. Se acurrucó a mi lado.

–Sergio ya pagó –me dijo mientras bajaba mi bragueta y se desmayó de la borrachera.

Oía risitas que venían de la habitación de Sergio. Estaban jugando con su X-Box. Pensé en mi edad y en su edad, la de Sergio, si yo a los cuarenta y cinco años estaría enloquecido con un X-Box.

Busqué una manta y antes de taparla le palpé las nalgas duras hermosas, que tantos empujones habrá recibido en Buenos Aires, mientras trabajaba de “modelo”. Su ropa interior era muy blanca, me quedé mirándola un rato y me fui a mi casa.

Luego de seis meses me encontré con Agos en el Messenger. Me dijo que estaba de regreso y que si quería nos podíamos encontrar a tomar algo. Así era Agostina salíamos con amigos durante días y días. Luego, se perdía con algún idiota adinerado.

Fui a su departamento, estaban sus padres y su hermano Felipe. Me alegré de verla. Me contó lo que estaba haciendo.

Había estado trabajando de diseñadora grafica para una revista cultural y en pareja con el dueño de un boliche de Córdoba. Este era un alcohólico, adinerado, que la violentaba con malos tratos y a veces le pegaba. Se hartó y volvió a Tucumán.

La verdad no podía creerlo, que se deje golpear por un idiota.

Quedamos en encontrarnos durante esa semana. Al final no nos vimos en un mes.

Los que conocen a Agostina saben que es bellísima. Todos los hombres están enamorados de ella. A mi no me produce cosas tan exageradas. No se porqué, pienso que es porque nos conocemos de chicos, nos hemos criados de chicos. De hecho vivíamos en el mismo departamento del barrio Piedrabuena.

Me acuerdo que mi primer beso se lo di a la Gachi, una amiga. Y fue, obviamente por Agostina, no podía ser nadie mas que ella. Una manager del amor.

Cuando crecimos cada uno hizo otras cosas, otras pasiones, otras drogas, otras gentes, otras músicas, el tiempo nos hizo lo que somos ahora, y al terminar nuestra adolescencia y comenzar la juventud seguimos siendo amigos.

Una tarde me conecté en mi trabajo, chequée mis mails y tenia uno de Agostina. Me había escrito que tenía celular nuevo y que agregue una dirección de mail. Me conecte al Messenger y agregué la dirección de mail. Delfi, decía: “Te amo”. Me reí. Hablamos un par de banalidades. Me dijo que escuche un tema y me linkió un tema de Etta james. Rarísimo. Me inhibió mucho que me dijera “con esa canción te voy a besar”. Además lo más probable, pensé, seria que Agostina me esté haciendo una joda. Después de todo yo estaba viviendo en pareja, como que ya era un capitulo aparte todo lo que hacíamos años atrás. Mientras me chateaba me dijo que tenia hachís y pepa. Pero que solo había fumado un faso medio fulero del barrio Oeste II, que dejaba lo bueno para cuando nos veamos. Luego Agostina se sumó a la conversación y me dijo que me pasaría a buscar al laburo para salir. Le dije que no. Se enojó caprichosamente y se desconectó. Sus ultimas palabras fueron: “si te molesto o no querés que hablemos mas, no te hablo mas, chau”.

Como a las diez de la noche vino Sergio a hacer lo de siempre: hablarme de lo difícil que son las relaciones para él con sus cuarenta y cinco años. Que todas las mujeres son iguales que sufren del “yoquesoyismo”, todas quieren algo serio. Luego, hizo el mismo movimiento de siempre, para que vea que él iba a coger esta noche con la cajita de Prime roja y se fue mientras acomodaba los almohadones con la estampa del videoclub que estaban en un living que había comprado en Palermo Hollywood. Que además era otra cosa que no paraba de hablar.

–Si mamá pregunta por mi decile que me fui a las Termas.

–Listo, no te hagas problema.

–Ok, quedamos así –me contestó y se marchó por la puerta que comunica con su departamento.

Durante los meses de setiembre y octubre no se alquila películas. No viene nadie, ni Sergio siquiera, por  supuesto, que debe quedarse a jugar con la X-Box hasta las ocho de la mañana con sus amigos de la misma edad o putas devenidas de Buenos Aires.

Pleno 17 de octubre, día de la lealtad peronista, la gente festejando y aquí no pasaba nada

– ¡Leo! ¡Amigo! ¡Leo! –escucho un grito desde afuera.

Me fijo y es Agostina con Delfina, las dos muy drogadas. Y a mí que me faltaban como dos horas para cerrar el local.

–Te vinimos a buscar, Leo –me dijo Agostina que estaba con Delfi que se reía como estúpida por lo drogada y estaba hermosa, morocha, ojos miel y muy pulposa.

– ¡Hola! ¡Qué sorpresa Agos, pensé que no estabas en Tucumán! –fue lo único que atiné a decir

–Vos pensaste que te iba a dejar que te vuelvas aburrido a tu depto con tu novia aburrida. ¡Perdón! Pero es muy aburrida esa chica Leo. –dijo Agos.

– ¿Pero porque no me avisaste que venias?

No me contestó solo dijo:

–Leo, te esperamos –me dijo dulcemente.

–Pero mi novia me espera Agos, no seas cruel ¿Porqué no me avisaste que venias?

–Tu novia, tu novia, tu novia ¡bah! Quedáte un ratito con nosotras. Vamos a tomar una cerveza.

Finalmente me convenció. Accedí a tomar una cerveza. Le dije que me faltaba como una hora y media para salir que me iba a tener que esperar.

Mientras conversaba con Agostina, Delfina se sentó en el living del videoclub y con una gran habilidad artesanal se armó un porro.

-Podríamos fumarnos un faso en el baño del videoclub ¿Qué opinas Leo? –me preguntó Delfina mientras tenia listo el porro entre sus finos dedos.

Accedí nuevamente y me fijé en la vereda, había gente que iba y venia. El videoclub pasaba desapercibido con la oscuridad de la vereda. Solo estaba don Luna, el viejito que limpiaba y cuidaba el departamento de Sergio. Le dije que me avisara tocándome el timbre, que tenia que acomodar unas cosas en el baño del videoclub.

Fumamos en el baño. Luego las chicas fueron a comprar cerveza. Y ya estaba muy colocado. Vinieron con cerveza helada y la tomamos rápidamente. Seguimos conversando animadamente hasta que Delfi se tomó un cuarto de pepa y Agos y yo también. En un momento me di con que era la medianoche, tenía que haber cerrado hace media hora.

Don Luna me hacia un pulgar arriba. Le contesté igual.

–Ella estaba con muchas ganas de conocerte –me dijo Agostina mientras la señalaba a Delfi que estaba sentada con los ojos cerrados en el living del videoclub  y movía la cabeza al son de la música.

– ¿Y porqué? –pregunté

–Delfi dice que sos un chico interesante, Leo, no hagas el boludo…

Miré a Delfina y me sonrió.

– ¿Qué vamos a hacer Gos? –le pregunté

–Vamos a Pollock, toca alguien, no me acuerdo quién…

– ¿¡Pero Pollock abre los jueves!?

–Bueno vamos al Abasto entonces, amargo –me dijo riéndose.

Me puse a contar el dinero de la caja tenia que cerrar urgente. Me sugirió que si estaba incomodo que llame a mi novia para que venga con nosotros. Sabía que me lo decía por pura diplomacia. ¿Qué mierda estaría haciendo mi novia aquí? Automáticamente se marcharía puteando por todo. Era obvio que mi novia ¡No!

El efecto de la pepa se hizo sentir en el pecho que descargó una carcajada que pareció un chillido que fueron acompañados con unos mocos. Me sentí tan infantil de haberme reído y que se me salgan los mocos, que mas me reí descontrolado.

Las chicas me miraban sorprendidas. Bajé las luces del local. Cerré el local con llave. Tomamos otros poco de cerveza. Listo para salir con las chicas que no paraban de reírse les propuse que nos fumemos un porro más en el baño o la tuca que quedaba en el baño. Entramos los tres en el baño y fumamos concentradamente. Agostina se sentó en la tapa del inodoro y Delfi a la par mía. Los tres teníamos los ojos congestionados por el humo y la locura.

Mi novia que no paraba de mandarme mensajes. Apagué el celular, sino me iba a empezar a pegar mal.

–Seguro es tu novia, debe estar preocupada. –me dijo Agostina burlándose.

–Si, puede ser, pero le dije que llegaría tarde.

No me podía mover con agilidad y nos reímos otra vez a carcajadas limpias, al tanto que trataba de hacer que se callen las chicas.

En un segundo de lucidez recordé que debíamos irnos.  Miré a mi izquierda y vi como me miraba Delfina. Me acerqué y la besé. Agostina se levantó y empezó a besarme el cuello y a besar el cuello de Delfina. No podía creerlo. En unos de esos segundos tuve cerca los labios de Agostina y tuve la sensación de besar una hermana o un familiar. Tuve una gran erección. Me excité. Empezamos a tocarnos los tres dentro del aqueroso baño del videoclub. Viví una sensación de éxtasis. Seguía besando a Delfi y otra vez tuve cerca los labios de Agostina y nos besamos apasionadamente. Delfi me mordía el cuello y me metió la mano por debajo de la remera y con la misma habilidad para armar el porro desajustó mi cinturón e introdujo su pequeña mano dentro de mi bóxer, mientras nos besábamos apasionadamente con Agostina como si no nos hubiésemos visto en años o como si tuviésemos ganas de toda la vida. Delfina me llevo de la cintura y se sentó en el inodoro y comenzó a agitarlo con pasión mientras me daba unos besos muy profundos que hacían estremecer mi alma. Luego vi unas miradas cómplices entre ellas dos.

Besar a Agostina se sentía como una travesura obscena un juego peligroso.

De pronto un ruido nos asustó horriblemente el momento dionisiaco que estábamos viviendo dentro del baño. Ese baño me trajo el recuerdo del baño de la película Trainspotting, aunque estaba exagerando.

Otra vez el ruido y no me importó. Era Sergio.

– ¿Qué hacés aquí a esta hora hijo de puta? Don Luna me dijo que escuchó unos ruidos y me asusté, pensé que me habían entrado a robar. No quiero que trabajes más aquí. –Me dijo Sergio que estaba con un ataque de rabia.

Le dije que se vaya a cagar que no me importaba y me fui con las dos chicas de la mano.

– ¡El lunes pasa a buscar tu indemnización!

– ¡Andáte a la puta que te parió viejo roñoso putañero!

–Me estafaste, Leopoldo… sos una mala persona –fue lo ultimo que escuché que dijo el imbécil de Sergio.

Salimos a la calle y las chicas estaban rojas de la vergüenza.

Mi novia esos días estaba preparando una tesis sobre los medios de comunicación, sobre las leyes que rigen dentro de los medios de comunicación. Lo curioso: entre nosotros no teníamos comunicación de ningún tipo. Ni siquiera entendí como nos conocimos. Pienso que estábamos juntos por no estar solos. Es una mediocridad pensar así. La verdad que no teníamos mas asimilación que de manera física. Que a mi parecer lo físico tiene fecha de vencimiento. En realidad y esto es lo curioso, que al amor se llega por conexión física. ¿Cómo puede gustarte alguien si cogés feo, cogés mal? Entre mi novia y yo no hicimos más que extender lo físico y nunca llegamos al amor. Inclusive nunca nos dijimos “te amo”. Lo único bueno fue vivir juntos para no tener que gastar en hoteles alojamiento de cuarta.

Tomamos un taxi con las chicas, prendí mi celular, era mi novia, no atendí.

Nos habíamos enfriado después del momento que pasamos. Entre Agostina, Delfi y yo, ahora, no había más que distancia. No había mala onda, solo distancia.

–Vamos a Pollock. –Sugerí.

Agostina aceptó, Delfina no dijo nada. De pronto volvimos a reírnos de la nada.

Apoyé mi cabeza contra la ventanilla que me hacia vibrar la cabeza,  mientras las luces de la avenida Mate de Luna me deslumbraban y me hacían perder de la realidad y la música estridente que escuchaba el taxista y el aliento de Agostina que se había apoyado sobre mi pecho y que me producía un cosquilleo en medio del estomago.

 

 

 

 

 

 

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Comentarios

  • psicoactividad  En 1 noviembre 2011 a las 5:26 am

    “Fue más bien frugal, rápida, con pequeña intensidad”, escribiste. Así debe ser todo, ¿no? O así debería serlo pero por alguna razón no se puede contener nada de todo eso y así, frugales, más de uno toma la peor de las implicancias sobre esa palabra y, a lo mejor, no más dos o tres por ahí conjuran algo y refucilan, intensos. :)

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