Los Huerfanitos cocaínomanos (fragmento)

Capitulo III

Por lo general el trayecto cuando venís de la terminal es este: subís por calle San Martin y llegas al centro de Tucumán. ¿Muchos pobres no es cierto? Bah, eso es lo menos interesante. Tomás cualquiera de estas calles a la izquierda y te encontras con barrio Sur, muchas estudiantes del interior vienen a estudiar abogacía y ciencias Económicas. Quiero engancharme un rugbista de Yerba Buena, me dijo Natalia una vez en su departamento de dos por dos. Natalia estudia psicología y es una chica fácil solo quiere que seas extrovertido, tampoco le importa si sos feo, gordo, flaco, musculoso. Ella quiere acostarse con vos, nada mas. Listo. Calle Córdoba y 25 de mayo. Aquí al frente vive un compañero de la primaria que el padre es abogado, y consiguió todos esos departamentos gracias al golpe militar. La mayoría de estos leguleyos no cobran mucho dinero, sino que les pagan con terrenos y propiedades. ¿Entendés ahora porque el negocio de ser abogado aquí en esta provincia es algo rentable? A los tucumanos les encanta discutir… ¿Ves ese tipo que esta ahí? Bueno. El trabaja hace quince años aquí en el “downtown” de San Miguel de Tucumán. Pide monedas, pide plata, pide lo que sea y gana. A la mañana va con ropa normal y se cambia en un estacionamiento con su uniforme de laburo y le mete sus ocho horas diarias, cuatro a la mañana y cuatro a la tarde. Se llama Miguel Ángel y lo vi varias veces con la novia los sábados y domingo ir a la metro, una bailanta muy conocida. -Hola Miguel, como va el laburo? -y… mejor cada día- y me guiña un ojo y se va imitando ese paso cansino de desolación. Seguimos por 25 de mayo y San Martin. Bueno ese tipo que va hablando por celular es un idiota bárbaro, desde que ganó el telekino se cree super dotado. Mando a su hija a hacer un doctorado a Barcelona y blah blah blah. Esta plaza se llama Independencia, yo personalmente le pondría otro nombre. Por ejemplo aquí colocaron en una pica la cabeza de Marco Avellaneda. Fue en la época de la guerra de Unitarios contra Federales. Una guerra que hasta el día de hoy no se puede resolver. Esta plaza solo sirve de consuelo solemne, me dice una señora que viene siempre a hacer marchas porque su hijo es una victima del paco. Esta calle, la San Martin, es la calle de los bancos. Ese tipo que esta ahí parado con una biblia, se llama Gerardo, todos los días se fija en los movimientos de gente que van a hacer o extraer depósitos. Hace unos diez años cayeron sus amigos, luego de reventar el Banco Nación. Fue algo nunca visto en Tucumán, un verdadero despliegue de armas y vehículos. Todos están en cana ahora, otros zafaron para el Paraguay. Gerardo zafó, pero, algo está tramando. Un tipo de rodillas en medio de la peatonal trata de llamar la atención, tiene un plato vacio y reza muy fuerte, la gente lo ignora. Desde la vereda del frente lo mira estratégicamente un gordito pelado de no mas de trece años esta semidesnudo con un cartel que dice “por favor quiero comer” tiene un bolso mugriento y de ahí un patito saca la cabeza, la gente lo mira con desprecio otros con lastima, finge una lagrima y una chica como de unos doce años del colegio Santa Rosa se acerca y le deja una moneda. Él la toma y no dice nada. Su estrategia es más eficaz, además por ser mas chico que el viejo de rodillas que reza. “Maradooó, maradooó”, no, no dice Maradooó. No se muy bien que es lo que dice, pero este invalido está en la entrada a la galería Muñecas hace mas de quince años. Todos laburamos como podemos. Luego una cuadra entera de vendedores de fruta y de libros usados y vendedores de flores se topan con secretarias muy bonitas que trabajan en la galería La Gaceta y las oficinas de la calle San Martin. Dos mundos diferentes se cruzan diariamente aquí en el pleno centro de San Miguel, se mezclan con miedo y desconfianza. Este que ven aquí con ese corte de cabello extraño y muy alto, se llama Jaime. Íbamos a nadar a un club de aquí cerca. Cuando era chico me contaba que siempre se la cogía a la hermana. Una vez me invitó a dormir. Fue sincero, me dijo que quería ver como me cogía a su hermanita. Le dije que lo pensaría, pasaron veinte años ya. Tiene mucho dinero, su padre es funcionario público y él esta acomodado como todos los hijos de funcionarios públicos. ¿No es excelente?, me dice Jaime. Viajo todos los meses a Baires me voy al boliche América solo para ver como hago para contagiarlo más al puto que me contagió de HIV, hace como cinco años atrás. Entonces espero que me llegue un mensaje de texto para ver que mierda hago en esta ciudad.

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