Por Oscar González Oro*
Una tarde de verano de 2008 en mi trabajo conocí como empieza una historia de amor. Fue así: un muchacho bajito e hiperkinético que se me acercó mientras que yo acomodaba los productos que estaban desordenados en las vitrinas, siempre los acomodaba y cuando me decían que los acomode, claro, porque en realidad no es que está “desordenado” un dildo, un iniciador anal no, no está desordenado. Son ganas de romper las pelotas y punto.
El muchacho debe haber tenido más o menos 35 años y siempre tenía sus manos entrelazadas o sus puños cerrados pero no tensos, a la altura de sus pectorales, no hablaba y parecía que me iba a preguntar algo, pero no. Hacía mucho calor…
-Soy gay…-fueron las primeras palabras de presentación, ¿que le podía decir? ¿Qué tal gay como te va?, raro nombre yo soy Jorge Luís…-Y necesitaría que me aconsejes de unas cosas-me dijo suavemente moviendo sus deditos con uñas esculpidas por manicura octogenaria.
-Sí, claro ¿y que es lo que necesitas?-le dije mientras le ponía un candadito a la vitrina llena de libros de posturas espiritualmente tántricas que la gente por antonomasia no se da cuenta que son las mismas que hace en su casa, y ya sea la situación por cansancio y/o por comodidad.
-Bueno, me da un poco…Un poco de vergüenza…-me dijo sonrojándose, cual pizpireta.
-Pero por favor-le dije persuasivamente y luego acoté una barrabasada-Si estas en un sexshop, ya pasó la dictadura, ya pasaron los noventa también…
-Es verdad y que mal que la pasé en los noventa-me dijo nostálgicamente-era más difícil ser gay antes que ahora, disculpe-no me tuteó nunca, por suerte-mi nombre es René.
-¿Con una sola é?-le pregunté para romperle las pelotas.
-Ay, sí-me dijo rascándose una rodilla con la otra-Renée con dos é es de mujer…
-Ah, claro, es verdad… ¡Como Renée Russo!
-Sí, que diosa ella…
Tanta charla banal fue esa tarde que él solo buscaba un sobre de lubricante anal, saborizado a chocolate, muy sugestivo el sabor. Cinco pesos, una venta de mierda.
Volvió dos días después a la misma hora y con mucho gel efecto mojado en el cabello negro ala de cuervo, corte tipo “comando” ó “media americana”, muy noventa el look. Con lo mismos mohines de la otra vez, su camisa ajustada le pronunciaba una inquieta barriga porronera.
Estas personas siempre hacen lo mismo, entran a este lugar para ver “que onda”, porque desde afuera parece extraño y lúgubre y, hace pensar a la gente que es como una película de Fellini; adentro todos en bolas hurgándose las partes pudendas y bebiendo potajes extraños. No. Entran y es como una juguetería, me dicen después.
-Vengo por algo que vi el otro día
-Sí, claro decime…
-Bueno, no es para mí…Es para mi novio, lo que busco es una de esas…prótesis.
-¿Y ya sabes mas o menos la medida?
-¡Si, como no voy a saber! Hace veinte años que somos pareja, para que te des una idea.
Lo que le había pasado a este muchacho; René, fue que viajando de noche, yéndose de vacaciones a Pinamar, no se le ocurrió mejor idea que hacerle a su novio una fellatio amorosa, mientras su pobre novio manejaba y pasaban por el peaje, graciosamente en el embotellamiento lo chocaron de atrás. René se golpeó la nuca contra el volante y accionó la mandíbula contra el pene de Rafael, arrancándole una feta del glande.
-Entonces hace poco sucedió esto.
-Si, no sabe lo que fue, por eso busco la prótesis salvadora… ¡Hasta que se recupere!-me decía con los brazos en jarrita-Esta haciendo rehabilitación, con una psicóloga…
Me dijo que era periodista del diario “El Periódico”, pero que en realidad tenía un blog donde contaba todo lo que hacía con su pareja. A mí solo me interesó saber como se habían conocido y esta es la historia que encontré en su blog, el titulo decía:
Sueños de una tarde de verano del ‘89
“…Atardecía un nublado 7 de marzo de 1989 en el Barrio Oeste II .El olor del pasto quemado llegaba hasta la ventana de mi habitación, perdída entre los monoblocks de un barrio verdaderamente peligroso y, yo escuchaba la canción de mi novela preferida me indicaba que algo debía pasar hoy y era de vida o muerte.
‘Atormentada por amor/ Mujer dolor/ pudo más la fe y mi corazón cerró su herida’.
Bajé las escaleras y fui hasta la placita. Ahí estaba él con la camiseta de Atlético Tucumán, haciendo pataditas con su pelota del nacional B, una Pinter con las estrellas negras borroneadas. Sus amigos lo tenían de ídolo y en el momento en que hicimos contacto visual se me acercó, estaba muerto de la vergüenza él y yo no sabía que decir entonces solo atine a proferir que estaba con cólicos.
-¿De verdad te duele la panza?-me preguntó Rafa apoyando su mano en mi hombre y mirándome tiernamente.
-No, Rafa, no me duele la panza solo que…-no sabía que decir, estaba muy nervioso-Me quiero ir eso es todo…¡Chau!.
-Ya me parecía, esa cara no es de cagadera-me dijo seriamente.
El dejó la pelota a sus amigos y me acompañó; cuando estábamos en el palier del monoblock le pregunté como era un dolor de panza. Esto es un dolor de panza, dijo y me dio un beso tan grande que me asusté por toda la situación.
-¿Qué haces…?
-Te beso…
Fuimos afuera del palier y la vi a mi madre que me llamaba desde la ventana de mi cuarto para que le vaya a hacer un mandado, le dije que no con la cabeza, ella me hizo una amenaza con el puño cerrado.
Corrimos y llegamos al baldío del Círculo Peruano, era perfecto para saciar mi dolor de panza.
Entre preservativos enrollados, jeringas y cajas de vino en tetra- brick tirados en los escombros cómplices, armamos un improvisado catre, con nuestra ropa hicimos el lecho de amor donde libraríamos una batalla campal entre nuestros enjutos cuerpos púberes.
-Chupámelo, amor mío-le sugerí con cariño.
-No es momento, no me animo-me dijo Rafa temblando las piernas.
-Demostrá que me querés y chupámelo por favor-insistí con vehemencia.
Descendió como una odalisca hasta mí bajo vientre y se colocó mi habanito en su boca, como un inexperto, que éramos en realidad, como cuando uno aprende a fumar.
Desde abajo me miraba con sus ojos brillando y me dijo que no era bueno lo que estábamos haciendo; que eramos chicos.
-¿Chicos?-le dije mientras me agache para agarrarle su salchicha llena de tímidos rulitos-Mirá lo que tenés, ¿Te parece chico? Y comenzamos a besarnos apasionadamente como en ‘Lo que el viento se llevó’, nos masturbamos al compás de una cumbia del grupo Orly que salía de una ventana, ese ritmo tropical entre los zancudos y las moscas nos calentó que nos sentimos unas sucias arrabaleras y sucedió la palabra que del éxtasis pasa a la realidad y me dijo: ‘ya acabo’.
Trenzas blancas cortaron el aire horizontalmente; él acabó primero, le sugerí que me espere que acabásemos juntos, para así hacer que nuestro amor dure toda la vida.
Al rato cayeron mis cuatro goterones transparentes sobre su mano y los últimos dos sobre la camiseta de Atlético Tucumán.
La novela de la tarde había terminado y comenzaba Realidad 89, el noticiero de la noche y la noticia fue estremecedora: ‘Alberto Olmedo se había caído accidentalmente de once pisos, en Mar del Plata’.
Mi madre se me acercó y me dijo que por no dormir siesta me empezaría a doler la panza. Sonreí…”.-
* Periodista chic y narrador empírico” con las bolas bien puestas” (no donde van siempre, claro)
4 respuestas hasta el momento ↓
languidalombriz // 28 Diciembre 2008 a 1:28 am |
tremenda historia de amor
cronicasdelujuriaydemencia // 30 Enero 2009 a 7:59 am |
Y en ese barrio el amor es así…
Besos!
:D // 6 Febrero 2009 a 5:29 am |
wacalee
Sory // 4 Abril 2009 a 2:47 am |
esto es fantastico